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Marcos Adandia

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Epígrafes:

Imagen 1: Ana Barimboim de Kierszenowicz. Madre de Clara Kierszenowicz, detenida desaparecida el 28 de octubre de 1976.

Imagen 2: Laura Conte. Madre de Augusto Conte Mac Donell, detenido desaparecido el 7 de julio de 1976.

Imágenes 3 y 4: Lilia Jons de Orfanó. Madre de Pantaleón Daniel Orfanó, detenido desaparecido el 30 de julio de 1976, y de Guillermo Lucas Orfanó, detenido desaparecido el 2 de diciembre de 1976.

Imagen 5: Elvira Lucía Días de Triana. Madre de Elisa Noemí Triana, detenida desaparecida el 26 de octubre de 1976, junto a su esposo Diego Arturo Salas.

Imagen 6: Otilia Lescano Argañaraz. Madre de María de las Mercedes Argañaraz, detenida desaparecida el 11 de enero de 1977.

Imágenes 7 y 8: Adelia Morel. Hermana de Fidelia Morel, detenida desaparecida el 29 de julio de 1976.

Imágenes 9 y 10: Amneris Eugenia Perusini. Madre de Daniel Omar Favero Perusini, detenido desaparecido el 24 de junio de 1977.

 

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Viendo los retratos de las Madres de Plaza de Mayo, rápidamente olvidé que estaba mirando fotos, una tras otra.  Por el contrario, me encontré observando rostros, tratando de descifrar una pequeña parte de las infinitas experiencias que han vivido.

Cada Madre es diferente, cada una con sus propios secretos, su propio origen, su propio sentido del humor, su propia forma de vivir el duelo. Al mismo tiempo todas sus expresiones, cuando nos miran –a menudo ellas se miran una a la otra pero ahora ellas nos están mirando a nosotros- sus expresiones tienen en común algo profundo e  imposible de describir. Y esto es comprensible porque ellas sufrieron el mismo tipo de pérdida y encontraron el coraje para acusar pública y abiertamente a aquellos que desaparecieron a sus hijos en secreto.

Ellas compartieron tanto su dolor como su determinación para resistir.

Por décadas han perseguido –y aún lo hacen- una acción en común. Esto es visible en sus ojos. Cada una de ellas brinda una cara única de la solidaridad que crearon juntas. Observándolas soy consciente –y lo digo con humildad –  de un trágico sentido de logro.

¿Cuál es este logro?  Desde lo político usted podrá definirlo más precisamente que yo, dado que soy un extranjero escribiendo desde lejos. Sin embargo, inspirado por la experiencia de conocer a las Madres, tengo algo que sugerirle.

Todos sus hijos al momento de ser “desaparecidos” secretamente por los agentes de la muerte de la Dictadura, eran jóvenes. Sus vidas recién comenzaban. Sus vidas les fueron amputadas demasiado pronto. No sólo fueron aniquilados físicamente, sino que también sus futuros les fueron amputados. Aún más, se les negó el rol de mártires porque sus asesinatos fueron repentinos y ocultados.

El dolor que sufrieron aquellos que los conocían y querían se debió no sólo a la violencia sufrida, y a una ausencia prolongada, sino también al fin abrupto de todos los proyectos y deseos que tenían como mujeres, hombres, padres, amigos, pensadores, artesanos, mensajeros, constructores, guías, cantantes… Las vidas perdidas fueron todas cruelmente inacabadas.

Las Madres que quizás hoy sean abuelas –pasaron más de treinta años– tienen de alguna manera, algo que es a la vez misterioso y evidente, ellas completaron esas vidas inacabadas. Éste es su logro. Ninguna podría haber realizado tal cosa por sí sola. Sólo fue posible lograr esto colectivamente en solidaridad, y aunando esfuerzos por medio de la acción política, lo que demandó un gran poder de imaginación de miles de hombres y mujeres.

La blancura de los pañuelos de las Madres habla de este logro.

 

John Berger

 

 

Marcos Adandía nació en Buenos Aires en 1964. Desde 2005 publica y edita la revista Dulce Equis Negra. Trabaja como reportero gráfico para la Agencia Noticias Argentinas desde 1993. Ha trabajado para los diarios Página 12, Jornal do Brasil, Olé y las revistas Rolling Stone, Latido, Tres puntos, Gatopardo y Elle entre otras. En 1999 obtuvo el premio “Casa de las Américas” en Cuba por el ensayo fotográfico Diana y en 2003 el premio Mother Jones en EEUU por el ensayo Madre de desaparecido. Dictó talleres de ensayo fotográfico en Argentina y en distintas ciudades de México para el Centro de la Imagen de ese país. En el año 2010 su trabajo Entre el cielo y la Tierra fue seleccionado para representar a la Argentina en los Encuentros de fotografía de Arles, Francia. Además de en nuestro país, expuso sus trabajos en Cuba, México, Francia y E.E.U.U.

 

El texto de John Berger fue escrito especialmente para estas imágenes que, junto a otras, conforman la muestra que se exhibirá desde el 11 de diciembre en el Museo Nacional de Bellas Artes (Buenos Aires).


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